Esto es una casa que se va construyendo con experiencias. Como si un lugar íntimo y privado (como un jardín) abriese sus puertas para que la gente entre y curiosee. Como si visitar el blog fuese un ratito en el jardín, con el sol tibio, galletas y una conversación bonita —

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30 jul. 2019

Sobre viajar sola.





Hace dos años me fui a Francia huyendo de lo que no quería ponerle nombre. Vendí la mayoría de mis cosas, envié a casa de mis padres las que quería mantener y llené en tan solo una maleta lo que quería que fuese conmigo. Me fui sin mucho y empecé siendo au pair. Ahora mismo escribo esto con las circunstancias muy distintas, porque eso ya tiene nombre y de hecho, es muy feo. Cuando estaba en Francia, creía que todas aquellas cosas nuevas que hacía, eran un paso gigantesco que daba hacia una recuperación que creía cercana, próxima. Y hace tan solo unos meses, pensaba en cómo me había engañado a mí misma. O cómo yo había conseguido engañar a mi mente. No lo sé. Sea como sea, hoy por hoy no me culpabilizo, no veo mi situación actual como un paso atrás ni veo lo que hice hace dos años con entusiasmo como un espejismo. Porque existió. Porque rompí barreras que, si bien ahora me veo incapaz de repetirlas, me demuestra que puedo, porque pude y que pronto podré. Como viajar sola.

Cuando vivía en Francia, tenía la suerte de hacerlo en un pueblo por dos cosas: estaba muy cerca de la frontera de Suiza e Italia y, al ser bastante pequeño, apenas se gastaba por lo que podía ahorrar mi sueldo casi al completo (conseguí acabar viendo eso como algo positivo) Así que, cuando llegaron mis vacaciones, no lo dudé y me dije que debía aprovechar la situación que tenía que viajar. Tuve suerte al descubrir FlixBus, que es una empresa de viajes en autobús muy, muy económica. Por lo que fue una gran ayuda para poder invertir el dinero en otros aspectos. El primer viaje fue hacia Ginebra y era la primera vez que usaba Blablacar. Fue una pequeña prueba de valentía. En Ginebra estuve casi un día.
No cogí donde hospedarme porque elegí un autobús que salía desde allí a París a las 02:30 de la mañana, ya que era el más económico (15 euros) Visité Ginebra y me refugié al caer la noche en la cafetería de la estación, donde una vez llegó el bus, puse rumbo a París. Allí llegaba otra experiencia y es que como iba con poco dinero, opté por hacer couchsurfing. Me quedé en casa de Oriane, una chica francesa super maja que vivía muy cerca del Cementero de Montparnasse y que me recibió con bollos y zumo recién hecho. Visité París, lo recorrí prácticamente sola. Me tomaba mis tiempos. Me perdía en librerías. Visité de nuevo el Louvre y por primera vez el de L'Orsay. A veces cuando estaba cansada de andar, me sentaba en bancos y en los momentos en los que no dibujaba me ponía a observar a la gente. Sobre todo en la que iba acompañada y ahí no os miento, sentía una punzada de soledad, como si hacerlo sola fuese un castigo por no merecer viajar con nadie. Luchaba con ese pensamiento y pensaba en la otra perspectiva del viajar solo, del tiempo que puedes dedicar a lo que te gusta, de camuflarte como una persona más de la ciudad, de vivirla como la vivirías si estuvieses allí.
En este viaje a París, descubrí la ciudad desde un punto de vista mucho más íntimo que otras veces que lo he hecho acompañada. Además, viajar solo y quedarte en albergues como hice en ciudades de Italia y Francia o couchsurfing como hice en París o Suiza, te da la oportunidad de conocer gente nueva. Yo he bailado en garitos de París que no hubiese descubierto si no fuese por Oriane y sus amigos,  no habría montado en moto por la ciudad, ni habría disfrutado de un momento conmigo misma a la orilla del Sena o no habría descubierto lo mucho que me gusta sentarme en los parques y ponerme a dibujar. Igual que en Italia, que en Milán hice amigos de muchas partes del mundo, en Venecia pude trazar mi propio tramo o en Florencia, que tuve la suerte de conocer a dos chicas francesas con las que cociné y tomamos vino subidas a unos tejados. Son pequeñas experiencias que ocurren cuando viajas sola.

Yo no me arrepiento de hacerlo. De coger lo poquito que tenía y lanzarme a la aventura. Es cierto que a día de hoy no me atrevería a repetirlo, pero sé que es porque mis circunstancias ahora son otras ligadas a una situación que algún día acabará. Y quizás cuando acabe, me diga: 
¿a dónde nos vamos esta vez?








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25 mar. 2018

Mirando Sevilla




Hace poco escribí: «Andalucía es la voz de mi madre desde Canarias. Era la voz de mi abuela diciendo mi nombre desde la azotea. Era la sombrilla de dos colores y yo jugando con mis primos a saltar las olas. Es el olor a tomate, los desayunos con tostadas y donde el puchero significa volver a casa después de muchos meses. Son las canciones de Los Planetas y los acordes de Morente. Toda su literatura que siempre emociona. Andalucía es el patio de lo que para mí significa casa»

Para quien sea nuevo por aquí, mi madre es andaluza y mi padre canario. Para mí los dos lugares son mi hogar y ambos, me enamoran. Siempre os hablaré de ellos con una sonrisa en la cara. He estado en muchas ocasiones en Sevilla pero esta vez ha sido de mis veces favoritas. En medio de la odisea de encontrar piso en Madrid, una tarde, Run y yo hablábamos de la posibilidad de viajar juntas. Posibilidad que se convirtió en realidad en menos de unas horas. Sevilla iba a ser nuestro destino y a mí no me podía hacer más feliz por dos cosas: bajar a Andalucía y encima, enseñársela a Run.

El día que firmé mi contrato en mi nuevo piso de Madrid (hurra), nos fuimos de madrugada. Viajamos toda la noche, paramos para ver nevar en Andújar y seguimos hasta Sevilla. Llegamos muy temprano, así que dejamos las cosas (nos quedamos en la zona de la Alameda) y nos fuimos a desayunar. Pasamos los días que estuvimos recorriendo sus calles y comiendo (mucho). Pude ver a mi familia y quedar con algunas personitas de por allí. Y nos reímos. Un montón. Pero eso son historias para no dormir que os contaré en otro momento.

Además, este viaje fue especial porque también nació Piknik  un proyecto conjunto que espero que disfrutéis un montón según va creciendo :)

Después de tres días, yo aproveché que tenía una semana antes de empezar el máster para irme unos días a Lanzarote, así que mientras Run subía de nuevo a Madrid, yo cogí un vuelo para irme a ver a mis padres y descansar mentalmente de lo que había supuesto las cuatro semanas anteriores.

Una de las cosas que más ganas tengo que hacer, es de realizar una pequeña guía ilustrada de Andalucía, porque aún me quedan muchos rincones por ver (Córdoba y Granada espero verlas muy pronto) o, al menos, de los pueblos de Cádiz. Mi madre es de allí (de Barbate, concretamente) y aunque he pisado casi todos, ahora me gustaría volver a hacerlo con cámara y lápices en mano.

Como siempre, os dejo un pequeño freebie 

¿Habéis estado en Andalucía? ¿Qué rincones recomendáis? :)














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29 ene. 2018

Un paseo por el Jardín Botánico




En medio de unos días difíciles de volver a instalarme en la capital, surgió un plan improvisado de la mano de Lua Lunera y Nim: visitar el Jardín Botánico (después de cuatro años, ya valía) Quedamos temprano y nos colgamos las cámaras al cuello. Los que me seguís desde hace tiempo, sabéis mi amor por los cactus y mi época de meterlos en cualquier ilustración. Los años en los que viví aquí, siempre tenía este plan pendiente, pero como muchas veces sucede... tardó en llegar. Pero mereció la pena.

Sin duda volveré cuando la primavera se instale en Madrid, ya que los jardines seguro que estarán muchísimo más bonitos. Mi parte favorita de esta visita fue el invernadero. Considero que además de la increíble cantidad de tipos de plantas que hay y lo bonitas que son algunas, es un lugar muy estético en el que hacer fotografías.

Después de esta visita, se ha convertido en uno de esos rincones favoritos de Madrid.

Os dejo unas cuantas fotos que saqué ese día y, como regalo de bienvenida a esta nueva etapa del blog, un freebie que podéis usar como fondo de pantalla. Espero que os guste :)







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Mirando París


Cuando empecé a trabajar en Francia y tuve mis primeras vacaciones, lo tuve claro: París. Podría intentar escribir todo lo bello que tiene esta ciudad, pero realmente me cuesta encontrar las palabras. Es una ciudad que pese a tener su cielo gris, desprende luz. Tiene arte, música en las calles, historias que merecen ser contadas, un poco de rebeldía y rincones únicos.

En el segundo viaje a la capital francesa aproveché para ir al Pompidou y ver la increíble exposición de Hockney, descubrir el Museo de Orsay, pasar horas en Shakespeare and Co. y descubrir tranquilamente el barrio de Le Marais y el canal de St. Martin.

Y así vi París.








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28 ene. 2018

Los colores de las cosas


Samuel Zeller /

Volver a escribir aquí es como estrenar libreta. Sin duda volver a tener mi pequeño rincón en blogger era algo que llevaba persiguiendo un tiempo y que hoy, por fin, puedo decir en voz alta y clara: he vuelto. Diferente, claro. Pero aquí estoy.

Tuve una etapa en la que me sentí hormiga, todo era gigante y yo no lograba sintonizar con el «ahora». Vivía suspendida en un punto sin saber cómo tenía que volver. Fue un tiempo muy duro, de un color feo, en el que las cosas pasan, pero no ocurren. Donde tú permaneces estática sintiendo cómo lo vas olvidando todo poco a poco. Empecé entonces a dejar de ver los colores de las cosas.

No puedo decir qué fue lo que pasó, ni cuándo. No hubo un click, hubo música que sonaba a intervalos. Porque nada era lineal. Nada ocurre de esa manera. Hay días en los que te levantas y duras todo el día haciendo cosas. Otros, el logro es simplemente entrar en la ducha. Y muchos, era vivir sobre un colchón. Hasta que esas cosas pequeñas que vas consiguiendo, forman algo grande. Entonces nació The public garden.

Nació hace cerca de un año. Aunque desde una edad temprana, siempre imaginé una casa dentro de nosotros. Una casa que muta y refleja todo lo que ocurre dentro. Todo lo abstracto y difícil. La mía tendría un jardín. Un jardín que perdió mucha de sus plantas durante esa mala época.

Hace cerca de un año, nació un brote.
Y a día de hoy, ese mismo jardín vuelve a tener sus plantas.

The public garden es todo lo que aprendí, todo lo que crecí, lo que me transformé y superé. Todo lo que está pasa en el ahora que estoy viviendo. Todo lo que puede que venga. Este blog es un prisma en el que te hablaré de lo que ocurre, de todo lo que me aportó vivir en Francia, de lo que aprendo cada día, de mi profesión que tanto riego para que crezca sana y fuerte y de las pequeñas grandes cosas que aún emocionan.

Este blog se ha construido poco a poco, poniéndole mimo y con el increíble talento de Mireia (al mando de Serein Atelier) para confeccionar su estructura. Es un blog que mutará, en el que las plantas cambiarán, en las que los frutos no serán los mismos en invierno que en verano. Pero que está aquí. Para vosotros.

Es imposible olvidar cómo bailar, solo tenemos que esperar la canción.








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