Esto es una casa que se va construyendo con experiencias. Como si un lugar íntimo y privado (como un jardín) abriese sus puertas para que la gente entre y curiosee. Como si visitar el blog fuese un ratito en el jardín, con el sol tibio, galletas y una conversación bonita —

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12 jul. 2019

Por qué decir «compórtate como una persona» es un error.



A veces ocurre una cosa y es que mi ansiedad es tan potente en algunos momentos, que mi cuerpo y mente no sabe bien cómo gestionarlo. He salido corriendo de la consulta del médico, de mi casa, de cafeterías. He salido corriendo mientras lloraba y me tapaba los oídos para luego sentarme en la calle esperando a que todo eso a lo que no sabía ponerle nombre, se acabase.  
Cuando estuve ingresada en el hospital, aunque es cierto que todas esas veces el trato ha sido muy cuidadoso y bueno, dormir con dos camas de sujeción a los lados no era algo que me tranquilizase. Verme sola, con miedo a tener un ataque de pánico por si me ataban las muñecas y los tobillos, fue una experiencia muy cruda. Eso me hizo pensar al ver que en el resto de habitaciones, los enfermos estaban con familiares. Yo, sola. Sentí como si a la unidad de psiquiatría me cogiesen y me aislasen de los demás. Incluso, de mí misma.
Las veces que he tenido un ataque de pánico, no he podido escuchar ni hablar correctamente. Solo intentar huir, zafarme del agarre que me hiciese cualquier persona y taparme muy fuerte los oídos. ¿Por qué? No puedo dar una respuesta coherente más allá de que era la manera que tenía mi cuerpo para gestionar el dolor y la tristeza. «Compórtate como una persona» me han dicho en multitud de ocasiones. Lo cual para mí era como un puñetazo, porque, ¿qué era exactamente lo que me despojaba de mi identidad como persona? ¿El dolor, la tristeza? ¿El exponer un grito de ayuda de manera tan desesperada? Creo que no hay nada más humano como las emociones, incluso cuando estas se apoderan y nos hacen salir los instintos más primarios de supervivencia.
No dejamos de ser personas por tener una enfermedad mental, por muy absurdo que suene que si no paso x veces por el marco de una puerta temo que mi padre tenga un infarto. No dejamos de ser personas cuando tenemos un ataque de pánico, cuando en esos momentos nos es difícil hablar o hacer algo coherente. No dejamos de ser personas cuando no podemos actuar con la cabeza fresca. Por eso, decir esa frase es muy dañina por mucho que estemos desesperados de querer que la otra persona se calme.
Si nos paramos a pensar, los estigmas ya aislan demasiado como para que nosotros también seamos partícipes de ello. 
Lo que mejor han podido hacer por mí en esos momentos, es simplemente permanecer a mi lado. Porque muchas veces, decimos que nos dejen solos cuando realmente lo último que queremos es eso. Es importante ayudar desde el apoyo y sobre todo desde la construcción. 
De recordar que, pese a todo, seguimos siendo personas válidas.
Hola de nuevo. ¿Nos vemos aquí cada dos viernes?
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25 mar. 2018

Mirando Sevilla




Hace poco escribí: «Andalucía es la voz de mi madre desde Canarias. Era la voz de mi abuela diciendo mi nombre desde la azotea. Era la sombrilla de dos colores y yo jugando con mis primos a saltar las olas. Es el olor a tomate, los desayunos con tostadas y donde el puchero significa volver a casa después de muchos meses. Son las canciones de Los Planetas y los acordes de Morente. Toda su literatura que siempre emociona. Andalucía es el patio de lo que para mí significa casa»

Para quien sea nuevo por aquí, mi madre es andaluza y mi padre canario. Para mí los dos lugares son mi hogar y ambos, me enamoran. Siempre os hablaré de ellos con una sonrisa en la cara. He estado en muchas ocasiones en Sevilla pero esta vez ha sido de mis veces favoritas. En medio de la odisea de encontrar piso en Madrid, una tarde, Run y yo hablábamos de la posibilidad de viajar juntas. Posibilidad que se convirtió en realidad en menos de unas horas. Sevilla iba a ser nuestro destino y a mí no me podía hacer más feliz por dos cosas: bajar a Andalucía y encima, enseñársela a Run.

El día que firmé mi contrato en mi nuevo piso de Madrid (hurra), nos fuimos de madrugada. Viajamos toda la noche, paramos para ver nevar en Andújar y seguimos hasta Sevilla. Llegamos muy temprano, así que dejamos las cosas (nos quedamos en la zona de la Alameda) y nos fuimos a desayunar. Pasamos los días que estuvimos recorriendo sus calles y comiendo (mucho). Pude ver a mi familia y quedar con algunas personitas de por allí. Y nos reímos. Un montón. Pero eso son historias para no dormir que os contaré en otro momento.

Además, este viaje fue especial porque también nació Piknik  un proyecto conjunto que espero que disfrutéis un montón según va creciendo :)

Después de tres días, yo aproveché que tenía una semana antes de empezar el máster para irme unos días a Lanzarote, así que mientras Run subía de nuevo a Madrid, yo cogí un vuelo para irme a ver a mis padres y descansar mentalmente de lo que había supuesto las cuatro semanas anteriores.

Una de las cosas que más ganas tengo que hacer, es de realizar una pequeña guía ilustrada de Andalucía, porque aún me quedan muchos rincones por ver (Córdoba y Granada espero verlas muy pronto) o, al menos, de los pueblos de Cádiz. Mi madre es de allí (de Barbate, concretamente) y aunque he pisado casi todos, ahora me gustaría volver a hacerlo con cámara y lápices en mano.

Como siempre, os dejo un pequeño freebie 

¿Habéis estado en Andalucía? ¿Qué rincones recomendáis? :)














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29 ene. 2018

Un paseo por el Jardín Botánico




En medio de unos días difíciles de volver a instalarme en la capital, surgió un plan improvisado de la mano de Lua Lunera y Nim: visitar el Jardín Botánico (después de cuatro años, ya valía) Quedamos temprano y nos colgamos las cámaras al cuello. Los que me seguís desde hace tiempo, sabéis mi amor por los cactus y mi época de meterlos en cualquier ilustración. Los años en los que viví aquí, siempre tenía este plan pendiente, pero como muchas veces sucede... tardó en llegar. Pero mereció la pena.

Sin duda volveré cuando la primavera se instale en Madrid, ya que los jardines seguro que estarán muchísimo más bonitos. Mi parte favorita de esta visita fue el invernadero. Considero que además de la increíble cantidad de tipos de plantas que hay y lo bonitas que son algunas, es un lugar muy estético en el que hacer fotografías.

Después de esta visita, se ha convertido en uno de esos rincones favoritos de Madrid.

Os dejo unas cuantas fotos que saqué ese día y, como regalo de bienvenida a esta nueva etapa del blog, un freebie que podéis usar como fondo de pantalla. Espero que os guste :)







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Mirando París


Cuando empecé a trabajar en Francia y tuve mis primeras vacaciones, lo tuve claro: París. Podría intentar escribir todo lo bello que tiene esta ciudad, pero realmente me cuesta encontrar las palabras. Es una ciudad que pese a tener su cielo gris, desprende luz. Tiene arte, música en las calles, historias que merecen ser contadas, un poco de rebeldía y rincones únicos.

En el segundo viaje a la capital francesa aproveché para ir al Pompidou y ver la increíble exposición de Hockney, descubrir el Museo de Orsay, pasar horas en Shakespeare and Co. y descubrir tranquilamente el barrio de Le Marais y el canal de St. Martin.

Y así vi París.








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28 ene. 2018

Los colores de las cosas


Samuel Zeller /

Volver a escribir aquí es como estrenar libreta. Sin duda volver a tener mi pequeño rincón en blogger era algo que llevaba persiguiendo un tiempo y que hoy, por fin, puedo decir en voz alta y clara: he vuelto. Diferente, claro. Pero aquí estoy.

Tuve una etapa en la que me sentí hormiga, todo era gigante y yo no lograba sintonizar con el «ahora». Vivía suspendida en un punto sin saber cómo tenía que volver. Fue un tiempo muy duro, de un color feo, en el que las cosas pasan, pero no ocurren. Donde tú permaneces estática sintiendo cómo lo vas olvidando todo poco a poco. Empecé entonces a dejar de ver los colores de las cosas.

No puedo decir qué fue lo que pasó, ni cuándo. No hubo un click, hubo música que sonaba a intervalos. Porque nada era lineal. Nada ocurre de esa manera. Hay días en los que te levantas y duras todo el día haciendo cosas. Otros, el logro es simplemente entrar en la ducha. Y muchos, era vivir sobre un colchón. Hasta que esas cosas pequeñas que vas consiguiendo, forman algo grande. Entonces nació The public garden.

Nació hace cerca de un año. Aunque desde una edad temprana, siempre imaginé una casa dentro de nosotros. Una casa que muta y refleja todo lo que ocurre dentro. Todo lo abstracto y difícil. La mía tendría un jardín. Un jardín que perdió mucha de sus plantas durante esa mala época.

Hace cerca de un año, nació un brote.
Y a día de hoy, ese mismo jardín vuelve a tener sus plantas.

The public garden es todo lo que aprendí, todo lo que crecí, lo que me transformé y superé. Todo lo que está pasa en el ahora que estoy viviendo. Todo lo que puede que venga. Este blog es un prisma en el que te hablaré de lo que ocurre, de todo lo que me aportó vivir en Francia, de lo que aprendo cada día, de mi profesión que tanto riego para que crezca sana y fuerte y de las pequeñas grandes cosas que aún emocionan.

Este blog se ha construido poco a poco, poniéndole mimo y con el increíble talento de Mireia (al mando de Serein Atelier) para confeccionar su estructura. Es un blog que mutará, en el que las plantas cambiarán, en las que los frutos no serán los mismos en invierno que en verano. Pero que está aquí. Para vosotros.

Es imposible olvidar cómo bailar, solo tenemos que esperar la canción.








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